domingo, 2 de noviembre de 2014

Los frutos del Espíritu Santo y su multiplicación como clave para detectar cristianos verdaderos

Habíamos dicho que para ser de Dios al 100% tener el Espíritu Santo no basta ya que hace falta buscar y seguir las guías del Espíritu Santo. También dijimos que se seguíamos las orientaciones del Espíritu Santo íbamos con el paso del tiempo a nacer de nuevo. También explicamos que no era lo mismo tener el Espíritu Santo que nacer de Dios. Además enseñamos que siguiendo a Dios es que se prospera tanto por dentro y por fuera a la misma vez. Aclaramos que quien solo crece por fuera y no por dentro no se está llevando bien con el Creador. Y en esta oportunidad vamos a hablar un poco sobre lo que cambia en interior de quien busca y sigue las orientaciones del Espíritu Santo.

Lo que cambia en el interior de quien busca y sigue las guías de Dios es el carácter. Y lo que se multiplica son los frutos del Espíritu Santo. Los frutos del Espíritu Santo son analizados en el libro “En los pasos de Jesús” de Edir Macedo. Ahí se explican que son los siguientes (hice algunas modificaciones para que se los entienda mejor). El amor, la alegría, la paz, la paciencia, el respeto, la bondad, el dominio propio, amabilidad.

El amor: el Espíritu Santo hace que en el interior del cristiano exista un amor sobrenatural. Un amor que no tiene nada que ver con el amor de este mundo. Es un amor que se siente y se tiene por el prójimo por más que este sea pobre o rico, o se lo conozca poco. Es el amor que tienen los pastores y que los impulsa a buscar las almas perdidas, a hacer sacrificios en pos de que otros sean también hijos de Dios. Cuando el pastor dice desde el Altar “en verdad yo los quiero” eso que expresa es causa de este fruto que se desarrolla en él. A través de ese amor sobrenatural es que se puede amar a alguien desde el punto de vista espiritual aunque se lo conozca poco.

La alegría: es una alegría como la que se siente cuando un es niño. Es la alegría que se tiene por las cosas santas. Cuando por ejemplo una persona que nos ha hecho daño se arrepiente viene esa alegría espiritual, o cuando vemos algún testimonio de fe, o cuando leemos una palabra que nos motiva de parte de Dios. Esta alegría es enfocada hacia las cosas santas por eso es sobrenatural. Todo lo santo nos alegra. El normal no tiene esta sensibilidad espiritual. Y es indiferente a las cosas santas.

La paz: es una paz interior que se siente. Cuando tenemos esta paz que es generada por Dios, no tenemos conflicto ni con nosotros mismo ni con Dios ni con los demás. Sentimos esa tranquilidad espiritual de que estamos haciendo lo correcto delante de Dios y delante los demás. Sentimos que estamos actuando bien, que somos honestos. No tenemos sensaciones como de culpa o cargo de conciencia por haber hecho algo malo contra alguien o contra Dios. Es una paz interior. La gente nos puede odiar, podemos estar rodeados de problemas pero esa paz está. Es como si los problemas no nos afectaran interiormente. Esa tranquilidad a los que no son de la Fe los sorprende. La gente nos dice ¿cómo podés estar tranquilo con todo esto que te pasa?.

Paciencia: Es una paciencia para esperar el cumplimiento de las promesas divina. Es una paciencia para soportar el daño que los otros nos hacen. Es una paciencia que nos permite contemplar más detenidamente la vida con más detalle y sin perturbaciones. Como si el tiempo se detuviera en un instante y podemos observar todo a nuestro alrededor. No hay desespero o ansiedad o nerviosismo por lograr algo. Hay tranquilidad. Esta paciencia ni hasta los más pacientes del mundo la sienten. Porque solo Dios la da.

El respeto: es un respeto orientado a lo espiritual. Es inclinarse ante las cosas santas. Es un respeto externo e interno. Es la mujer cuando respeta a su marido por dentro. Es el hombre cuando respeta a su pastor. Es el hijo de Dios cuando respeta lo que dice la Biblia, la forma de pensar de Dios. Es aceptar a Dios tal como es.

La bondad: es ser bueno con todos. Es ser manso. Es no ser super estricto o super correcto. Es permitir algunas cosas. El cristiano verdadero es manso y cede muchas veces ante la exigencia de los otros. Lo contrario es querer que todo sea de una manera y si no es de esa manera como lo queríamos lo rechazamos, no lo queremos, nos parece malo. Lo contrario a la mansedumbre es ser muy estricto es temas espirituales.

El dominio propio: es la capacidad de controlar los impulsos humanos como la sed, el hambre, la alimentación, etc.. Esta capacidad es fundamental para evitar tener cualquier vicio ya sea en la alimentación, el sueño, etc.. Sirve también para poder ser disciplinados delante de Dios, para poder cumplir con todas nuestras obligaciones diarias, para controlar los impulsos del ser humano como la reacción ante un injusticia. Esta cualidad nos permite soportar las tentaciones del mal.

La amabilidad: es ser cada día más amable con todo el mundo. Es tratar bien a la gente. Es la capacidad de ayudar a los otros tratándolos con suavidad sin importar lo que estos sean (prostitutas, asesinos, ladrones, hipócritas, etc..).

Estos frutos no paran de crecer nunca. Es decir, que se incrementan con el paso del tiempo, siempre y cuando el cristiano obedezca. De manera tal que un obrero de años tiene que tener más amor, más alegría, más paz, más paciencia, más respeto, más bondad, más dominio propio y más amabilidad que un obrero nuevo. Un pastor de muchos años, siguiendo esta lógica, tiene que tener más amor, más alegría, más paz, más paciencia, más respeto, más bondad, más dominio propio y más amabilidad que un pastor nuevo. De manera tal que un obispo de años debe tener más amor, más alegría, más paz, más paciencia, más respeto, más bondad, más dominio propio y más amabilidad que un obispo nuevo. Ponemos los ejemplos en la Obra porque se supone que de obrero para arriba todos tienen que tener un crecimiento guiado por Dios y haber nacido de nuevo.

Entonces si se encuentra en la Iglesia un obrero, pastor, obispo o esposa de pastor o obispo y no tiene esos frutos, esa persona no está bien con Dios. No lo está siguiendo aunque de su vida por la Obra aunque haya dejado su país, aunque haya perdido su nacionalidad y sea un extraño, aunque ponga toda su fuerza para curar, para sanar para liberar, para hacer que la Iglesia siga en pie, si no tiene los frutos del Espíritu Santo esa persona no es de Dios verdaderamente.

Ahora no solo basta tener esos frutos sino además estos tienen que incrementarse con el paso de los años.

Si con el paso de los años el carácter del cristiano empeora y se pone nervioso ante cualquier lucha, cualquier problemita lo saca que quicio, lo enloquece, responde mal, es desobediente a las autoridades de la Iglesia, pelea por todo, guarda rencor cuando lo reprenden, no quiere reconocer que hace las cosas mal, etc., cuidado, la persona que es así aunque de su vida por la Obra todavía no es de Dios.

No es que el hijo de Dios no se enoje o que no tenga días malos. Pero con el paso del tiempo su carácter mejora, su interior se hace más de Dios y los frutos del Espíritu Santo se incrementan también.