sábado, 31 de mayo de 2014

Debemos ser sinceros delante de Dios

Los cristianos verdaderos no viven en la mentira. Vivir en la mentira no es solo decir cosas que no son, sino también pensar que nosotros somos “algo” cuando en realidad no somos nada. Es querer parecer, aparentar, es querer dar o sostener una imagen de algo que no somos y que por eso no podemos sostener. Eso también es mentir. Es vivir en la hipocresía de decir que estamos bien delante de Dios cuando en realidad sabemos muy en el fondo que eso no es así. Ante Dios debemos presentarnos desnudos. Si sabemos que tenemos mal carácter, que somos orgullosos, vanidosos, creídos, viciados en alguna cosa, crueles, malos, intolerantes, “vivos”, etc., debemos buscar cambiar. Debemos acudir a Dios en oración confesándoles todos nuestros pecados, lo que verdaderamente hacemos y somos.
La gente no nos ve por dentro por tanto no sabe si es que somos buenos o no. Mucha gente cree que somos buenos pero si realmente nosotros que nos conocemos bien sabemos que no es así tenemos que confesarlo ante Dios. Debemos decirle a él toda la verdad pidiéndole que nos ayude a cambiar. No debemos amar nuestro yo maligno, no debemos festejarlo como hacen muchas personas a quienes que les encanta “hacerse los vivos” con los demás, a quienes les encanta “burlarse de la debilidad de los otros”, a quienes les encanta “reírse” de la desgracia ajena y que solo esperan muy en el fondo que a los otros les vaya mal. No debemos ser como aquellos que aun dentro de la Obra sienten placer por hacer lo malo y por ver que a los demás les va mal.

Nosotros debemos ser sinceros delante de Dios y si nos damos cuenta de que estamos haciendo las cosas mal, si reconocemos que todavía nos falta vencer algún pecado, si vemos que todavía necesitamos cambiar, tenemos que contarle a Dios esa verdad y pidiéndole con toda nuestra fuerza que nos ayude a cambiar. No debemos aceptar ningún tipo de maldad dentro de nosotros. Debemos abandonar todo lo malo hasta quedar 100% limpios. No podemos ser hipócritas delante de Dios, él no se merece eso.
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