sábado, 24 de mayo de 2014

Cómo actuar cuando los demás no nos apoyan. Y dejar todo por Dios.

La vida cristiana es bastante difícil, está llena de desafíos y pruebas. Pero como todo en la vida tenemos cada tanto un delicioso respiro. Es como un pago que Dios nos dá para descansar nuestro espíritu y recobrar nuevas fuerzas para seguir en la lucha. En momentos como ese, en el que somos bendecidos por Dios, nos damos cuenta de que el pecado no vale la pena en cualquiera de sus formas, matices y colores. No sirve pecar por nada de este mundo, ni por el novio, la novia, la facultad, el trabajo o lo que sea. Es más importante hacer la voluntad de Dios. Aunque al principio cueste y duela ya con el tiempo se ven los resultados y es algo maravilloso. 
Todo lo que nosotros conocemos, vemos y apreciamos, va a pasar. En cambio la vida del alma es eterna. Vamos a pasar más tiempo en el cielo que en la tierra. Nuestros lazos afectivos van a ser más sólidos y duraderos allá que los que tenemos acá con nuestros amigos y familiares. Por eso no vale la pena dejar a Dios por cualquiera de estas cosas. No vale la pena aferrarse a una ideología a una forma de ser a un trabajo a una persona o a lo que sea. La verdad no vale la pena.  
Lo que realmente importante es vivir una vida de la mano de Dios. Hacer su voluntad aunque al principio nos cueste y nos duela. Es mejor.
Personalmente creo que una de las cosas más maravillosas del mundo es estar limpio por dentro, es tener un corazón puro delante de Dios, lejos de maldad, de malos pensamientos. Vale la pena por luchar por un corazón así. Vale la pena.
El mundo no aprecia a Dios. Así que como cristianos es común que no tengamos una persona o amiga o alguien en físico en donde descansar. Por eso la vida con Dios es un poco solitaria. Y cuesta a veces entender que es así. Es que venimos acostumbrados a que el padre, la madre o la familia o lo que sea tiene comprendernos y debe estar de nuestro lado. Pero eso cuando uno sigue a Cristo no pasa. Siempre hay divisiones. Somos nosotros los que tenemos que entender que es así. Y no debemos buscar que los demás nos entiendan y sean nuestro refugio cuando el único que puede hacer eso el Señor. Él es nuestro único refugio. Claro que con el tiempo de obediencia nuestro entorno va a cambiar y se va a hacer más colaborativa la vida cristiana, pero mientras tanto debemos acudir a Dios cuando nos sentimos mal, solos o lo que sea que sintamos y no esperar que nos escuche, entienda y consuele un amigo hermano, etc.. Debemos abrir nuestro corazón contándole todo lo que sentimos. No sirve ocultar lo que tenemos dentro delante de él porque lo sabe todo. Lo único que debemos hacer es confesarle nuestro dolor o lo que sea que tengamos dentro y que quiere salir. Esa es la clave. Ante Dios no nos podemos presentar vestidos. Él todo lo sabe. Mejor es ir ante él y contarle toda la verdad, lo que hay verdaderamente en nuestro interior. De esa forma él va a lograr purificarnos y darnos un nuevo corazón. Y con cada entrega este va a hacerse más puro, más limpio y menos necesitado del apoyo y comprensión de los demás. Jesús es un claro ejemplo de soledad cristiana ya que él estaba solo. Sus apóstoles le seguían pero no le comprendían. Es que no podían hacerlo aunque quisieran. Es que no tenían el nivel espiritual de cristo. Después de que vino el Espíritu Santo ahí si fueron igual que él y entendieron todas las cosas. La familia de Jesús tampoco era convertida. Y eso que él tenía muchos hermanos.  Osea que su vida prácticamente la vivió en soledad aunque estaba rodeado de muchas personas. No tenía una persona física (madre, padre, esposa, hermano, amigo) en quien descansar. No había nadie que pudiera conversar con él de igual a igual y que lo reconfortara en tiempos difíciles. Solo Dios podía cumplir ese rol. Algo así nos pasa a nosotros. A veces somos los únicos que representamos a nuestra familia delante de Dios. Somos los rescatistas de todos. Y por eso no podemos pretender que la gente a la que queremos rescatar nos entienda. Por eso debemos tener paciencia con ellos hasta que se conviertan. Mientras tanto debemos colocar toda nuestra fuerza por mejorar nuestra relación con Dios, de pasar más tiempo con él en oración, de contarle lo que sentimos, pensamos, a fin de estar preparados para servirle en todo momento y lugar.
La vida cristiana no es mala es solo que hay que saber cómo comportarse en las dificultades y delante de Dios. No podemos pretender que los demás nos apoyen. Aunque quisieran hacerlo no van a poder. Solo Dios puede.
Con el tiempo uno se acostumbra a que sea así y las cosas se ponen más lindas. Mientras busquemos que los demás nos comprendan y apoyen cuando no son de nuestra misma fe, seguiremos errando el camino.
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