jueves, 16 de enero de 2014

¿Por qué es importante nacer de nuevo?. Tercera parte

A parte de los beneficios que contamos en los otros artículos, nacer de nuevo sirve para otras cosas como:

Podemos considerarnos como verdaderos hijos de Dios: Si completamos nuestro nuevo nacimiento podemos decir que verdaderamente somos hijos de Dios. Esto será siempre así siempre y cuando mantengamos ese estado espiritual. Aprovechemos para aclarar que el nuevo nacimiento se puede perder si es que dejamos de obedecer a Dios. 
Podemos decir que ya no tenemos demonios dentro y que somos totalmente llenos del Espíritu Santo: La liberación completa se logra cuando nacemos de nuevo, lo mismo pasa con la plenitud del Espíritu Santo. Eso quiere decir también que si no hemos todavía nacido de nuevo, tenemos en nuestro interior uno que otro demonio. Si queremos liberarnos de todos los demonios y ser llenos del Espíritu Santo tenemos que si o si buscar y conquistar el nuevo nacimiento.
cuando nacemos de nuevo ya no tenemos mas problemas espirituales como ser miedos, enfermedades, mala suerte, etc.. Y por eso pasamos a tener una buena vida, libre espiritualmente y prospera. No hay mal que pueda trabar nuestros proyectos por lo menos interiormente. Y pasamos a abundar en los frutos del Espíritu Santo como por ejemplo paz, amor, dominio propio, etc..
Tenemos derecho a la conversión de todos nuestros familiares sean o no de corazón duro: Ya lo mencionamos en otro articulo, pero es bueno que lo recalquemos. Hay familiares que nunca se convierten eso es porque tienen un corazón duro. Hasta a veces van con nosotros a las reuniones pero continúan igual, sin dar buenos pasos. Y no les importa que nosotros hayamos conquistado muchas cosas por la fe como sanidad, prosperidad, etc.. Es que son duros de corazón. A esos familiares lo único que les puede ayudar es nuestra transformación propia. No hay que confundir las cosas. Una cosa es ser buen ejemplo de cristiano delante de los ojos de la gente que nos rodea. Y otra muy distinta es ser buen ejemplo pero delante de Dios. Es que Dios observa hasta los pensamientos y deseos mas ocultos del corazón. Decimos esto para poder explicar porque hay mucha gente que se dice cristina y que tiene un buen ejemplo de prosperidad o parece ser bueno como hijo de Dios, pero aun así no logra conquistar la conversión del familiar de corazón duro cuando han pasado bastantes años. Es que en realidad esa persona a quien nosotros podemos admirar, puede no ser tan admirada delante de los ojos de Dios. Vemos este tipo de casos en obreros, pastores y hasta obispos que tienen como 20 años de Obra y no logran encontrar la causa de porque sus familiares, puede ser padre, madre, hermano, pareja, hijo, no se convierten. Cuando somos verdaderos hijos de Dios, es decir, hemos nacido de nuevo, la conversión de nuestros familiares aun de los de corazón duro no tarda tanto como 10 o 20 años. Ese tiempo es demasiado para que nuestro Dios no haya podido lograr la transformación del familiar. Si Dios no ha actuado es porque nosotros no hemos pagado el precio para que lo haga que es haber nacido de nuevo. A los mejor puede ser que estemos engañados como le sucede a mucha gente, y por eso pensemos que somos hijos de Dios cuando en realidad todavía nos falta un buen trecho para afirmar eso. En la conversión del familiar o de la pareja, se refleja claramente que tan completa es nuestra transformación interior.
Tenemos derecho a la salvación verdadera: Hay distintos tipos de salvaciones. Hay gente que se salva por misericordia y hay gente que se salva porque realmente pagó el precio de la salvación. Si nacemos de nuevo y mantenemos ese estado estamos incluidos en el segundo grupo. 
Podemos decir que el sacrificio que Dios hizo con Jesús por nosotros valió la pena: El sacrificio de Dios, Jesús, valió la pena en nosotros si es que nacemos de nuevo. Es que Jesús fue enviado a la tierra para eso, para restablecer la alianza con los hombres y hacer que estos nazcan de nuevo y así sean hijos de Dios.
Quedamos libres para buscar realizar otros proyectos: El nuevo nacimiento es algo que se logra con mucho trabajo espiritual. No es algo ligero y fácil. Es un camino bastante amargo el que se tiene que pasar y que dura bastante tiempo. Y por eso tenemos que manteneros concentrados y poniendo toda nuestra fe cuando lo estamos conquistando. Eso indudablemente nos lleva tiempo y hace que nos atrasemos en alguno que otro proyecto de vida o que permanezcamos durante un tiempo un poco asilados de familiares y amigos, o que renunciemos a hacer ciertas cosas que no son pecados en si mismas pero que si las realizamos cuando estamos en búsqueda del nuevo nacimiento nos van a complicar innecesariamente la vida. Por eso cuando terminamos los propósitos de nuevo nacimiento es que quedamos libres para luchar por otras cosas. Desde que nacemos de nuevo el Espíritu Santo nos dará libertad y guía para colocar toda nuestra fuerza que estaba depositada en lograr dicho estado para conquistar otras cosas.
De ahí en mas es difícil que nos desviemos de la Fe: Es prácticamente imposible que nos desviemos de la Fe una vez que nacemos de nuevo. Es que nuestro interior, tanto mente como corazón, cambian con el nuevo nacimiento. Lo que hace que quedemos inmunes a las tentaciones y trampas del diablo. Con el nuevo nacimiento nuestro discernimiento espiritual es muy agudo y por eso es imposible que satanás pueda engañarnos en una de sus trampas o hacernos caer con las tentaciones de este mundo. Con esto podemos entender que muchos de los pastores, obreros y obispos que cayeron en la Fe lo hicieron por falta de nuevo nacimiento. Con el nuevo nacimiento somos capaces de soportar cualquier lucha, tentación o problema. 
Quedamos habilitados para ingresar a la Obra de Dios: Cuando terminamos de nacer de nuevo ya estamos habilitados para ingresar a la Obra de Dios, ya sea como obrero o pastor. Claro que ademas de nacer de nuevo hay que verificar si es que Dios nos quiere ahí, en la Obra. Sabido es que no todos los transformados en hijos de Dios son llamados por este para trabajar en su Obra. Con esto queda claro también que los obreros, pastores y obispos que no completaron su nuevo nacimiento no deben estar en la Obra de Dios, salvo algunas excepciones.
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