jueves, 3 de mayo de 2012

¿Cuándo dejar la obra?


La obra no se abandona por la avanzada edad, ni por estar enfermo, ni por no sentir más ganas de seguir en la misma, ni por las injusticias sufridas, ni por la falta de tiempo, ni por la dureza de la misma. Se abandona cuando el Espíritu Santo ORDENA que se realice tal acto. Osea hay que esperar tal orden y después recién actuar. Esto muchas personas que trabajaban en las Iglesias no lo sabían y por eso dejaron sus cargos en la obra sin importar lo que Dios pensaba de tales actos. Son los pastores que piden salir porque no aguantaron la vida de pastor, o las obreras que dejan su trabajo por una injusticia sufrida dentro de la misma Iglesia, o porque el trabajo de la obra no les permite criar a sus hijos o atender a sus esposos o parejas, o desarrollar otros trabajos, o crecer económicamente, etc.. Al obrero, pastor u obispo nunca le van a faltar razones para dejar la obra. Es mas siempre le van a sobrar, es que trabajan muy duro sin horario, soportan aflicciones por obedecer, no reciben un salario y si es que lo perciben no es muy bueno, sus familiares y amigos generalmente no los apoyan, se pierden de cumpleaños, reuniones sociales, amistades, diversiones de todo tipo. En fin, razones siempre van a sobrar. Pero eso no justifica el abandonar la obra. Así como se entra por orden del Creador también se sale por orden de Dios.
Las personas que abandonan la obra sin autorización de Dios son generalmente las mismas que precisamente entraron sin el llamado del Señor. Es decir, son los líderes espirituales que nunca nacieron de nuevo y que a pesar de ello ingresaron a la obra. Porque Dios no llama a alguien que no es está preparado. Si alguien tiene alguna vez la posibilidad de hablar con un ex pastor,  ex obrero o algo así, que le pregunte como estaba su vida espiritual antes de salir. En la gran parte de los casos se van a dar cuenta de que no estaban bien espiritualmente.
Algo más para marcar es lo siguiente, la persona que obedece a Dios EN TODO tendrá como aliado al Espíritu Santo, sujeto que se encargará de ordenar la vida del fiel a fin de que pueda hacer todo lo que debe (atender pareja, hijos, trabajo, etc..) más la obra. El Espíritu Santo también dará las condiciones internas necesarias para soportar la vida espiritual de un trabajador de obra. Es decir le dará fuerzas cuando lo necesite, fe en los casos de tribulación, en fin condiciones espirituales para aguantar el peso de la obra además seguir adelante. El trabajador de obra no está solo, tiene un aliado, pero estas personas que abandonaron sus empleos en las Iglesias sin la opinión de Dios han actuado como si lo anterior no fuese real, como si Dios no existiese para ellos. Y en parte tienen razón porque solo tienen la ayuda de Dios quienes obedecen sus órdenes en todo. Y los líderes que abandonan la obra sin esperar en Dios precisamente padecen tal condición espiritual por falta de obediencia. Por tal motivo Dios no los puede ayudar.
Los hijos de Dios son instruidos por el Espíritu Santo y por eso no van a dejar de hacer su voluntad pase lo que pase, pierdan lo que pierdan y suceda lo que suceda.
Para saber si es que Dios quiere que se deje o no la obra, basta solo con consultarle, es decir preguntarle y listo. No es tan complicado. Cuando una persona siente deseos o piensa en dejar la obra tiene que hablar con Dios, descargarse en la oración, decir todo lo que siente, lo que le pasa y después pedir guía sobre que decisión tomar. Quizá el problema de muchos obreros y pastores que dejan la obra es ese, que no abren su corazón para Dios. Y terminan a abandonado su trabajo por dejarse guiar por sentimientos o razonamientos propios. Abrir el corazón al creador es tan importante en el mundo espiritual como respirar. Ya que a través de ese medio Dios impide que se formen rencores, envidias, desánimos en el corazón de una persona.
Consejo para líderes espirituales: tengan en cuenta y enseñen siempre eso de que la obra no se abandona por problemas o injusticas o cosas parecidas sino por voluntad de Dios. A tenerlo en cuenta. Para saber lo que Dios quiere basta solo preguntarle, nada más. Quizá la respuesta no llegue rápido pero llegará.
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