domingo, 31 de octubre de 2010

Lo que yo quiero dar vs lo que quiere Dios recibir



Dentro de las personas que desean agradar a Dios están aquellas que saben cómo hacerlo y las que no tienen ni idea. Las que saben cómo hacerlo dan aquello que Dios les pide. Eso quiere decir que primero, antes de dar algo, se aseguran que lo que van a dar es lo que Dios quiere no menos ni más. En cambio los que no saben cómo agradar al creador dan aquello que "ellos piensan que es bueno dar". ¿Ven la diferencia?. No es lo mismo dar lo que Dios pide que lo que lo que uno mismo quiere dar a Dios. En el primer caso Dios dice lo que quiere, y en el segundo Dios no dice nada, el fiel es quien decide y da. Las Iglesias están llenas de personas que dan lo que quieren a Dios y no lo que realmente este desea recibir. Muchas veces estas tienen buenas intenciones, porque querer agradar a Dios no es malo, pero como no hacen lo correcto, es decir, no dan lo que Dios necesita, él no las puede bendecir como gustaría y terminan desilusionadas al notar que no llegan a conseguir las bendiciones prometidas en sus vidas. Este fenómeno pasa por ausencia de sabiduría y una mala interpretación bíblica.
La persona que quiere dar algo para Dios tiene que saber que Dios tiene un querer propio, que es distinto del querer del fiel. Por ejemplo: mientras el fiel puede querer dar 2 millones de pesos en ofrenda para la obra, Dios puede querer sólo una parte de esa cantidad. En sentido contrario, mientras el fiel puede querer dar 1 millón de pesos de ofrenda para la obra, Dios puede querer 2 millones de pesos. Una señora dió una vez un testimonio que aclara estas ideas. La mujer había conquistado en campaña de Israel una estación de servicio propia. En el testimonio dijo algo así "Yo había levantado mi sobre con un monto y lo había cumplido, pero y antes de que terminara la campaña, comencé a escuchar una voz que me decía, dame más, dame tu todo. Ese “todo” para mí era una plata ahorrada que tenía guardada en mi casa. Tenía mucho miedo de aquella voz, porque esa plata era lo único que tenía, en ella estaba mi futuro, tanto es así que cuando le deposite en el altar, porque hice caso a esa voz, me temblaban las piernas. Después al tiempo tuve la respuesta y Dios me dió una estación de servicio". Esa voz de la que habla la señora era la voz de Dios que le estaba pidiendo más. La mujer quería dar algo que "ella pensaba que estaba bien", pero Dios quería otra cosa, en este caso más de lo que se le quería ofrecer. Hay un ejemplo bíblico en el cual se puede apreciar que muchas veces lo que se quiere ofrecer a Dios a este no lo agrada. El caso es el del Rey David, quien para agradar a su Señor y con buenas intenciones planeó construirle un templo, una casa. Pero Dios a pesar de que David tenía ganas de hacer algo por él no le dejó cumplir con ese deseo. David quiso dar algo que Dios no quería recibir. Otro ejemplo que puede ayudar a la compresión es el que sucede a menudo en la obra de Dios con muchas obreras y obreros. Ellos, en varias ocasiones quieren dar su “todo” para la obra, eso no está mal, pero el problema surge cuando lo que dan no es lo que Dios quiere. Estos son los obreros fanáticos que se la pasan todo el día en la casa de Dios trabajando para ganar almas olvidándose por completo de sus familias, responsabilidades, amigos, parejas etc, y dan como excusa "Yo hago bien porque todo esto es para Dios y para las almas". Y lo peor de todo es que creen que hacen el bien. Después terminan abandonando la fe por que las promesas bíblicas no se cumplen en ellos. Si no dan lo que Dios quiere, ¿cómo esperan que Dios los bendiga?. No es que no haya que trabajar en la obra, ni tampoco que esforzarse, es sólo que hay que asegurarse de que lo que se está haciendo es lo que Dios realmente quiere. Había un obrero que se la pasaba todo el día en la obra y como su trabajo estaba depositado ahí, económicamente no tenía nada. Era pobre y se creía valiente y fuerte porque se dedicaba exclusivamente a salvar las almas. Un día su orgullo acabó cuando se dió cuenta de que deseaba comprarse unas zapatillas y aunque decía ser de Dios no podía hacerlo ya que no tenía un peso en el bolsillo. Y eso que predicaba la prosperidad para la gente que invitaba para las reuniones de los días lunes. Él que predicaba la prosperidad no era prospero, ¿qué contradicción?. Eso sucedía porque hacía de más y a eso Dios no le gusta, por eso es que este no lo bendecía. Hacia cosas sin importarle la opinión de Dios. Pero un día Dios uso un pastor para hacerle entender a este joven de que estaba errando el camino. Cuando se le bajó el orgullo un pastor habló con él y le aconsejo que saliera un poco de la obra y que se dedicase a prosperar económicamente, porque "no era de Dios" lo que estaba haciendo ni padeciendo. El chico quería llevar una vida de pastor sin tener esa condición. Eso no se puede hacer. Otro ejemplo es el de Abraham. Abraham tenía un hijo que era lo que más quería en la vida. Por eso un día Dios le pidió que lo ofrendara para ver si aquel niño era más importante para Abraham que Dios. Abraham en toda su vida hubiese pensado dar en ofrenda a su hijo para agradar a Dios, ya que lo amaba mucho. Si el tuviese que elegir seguro que a Dios le daba otra cosa como ser todas sus riquezas, pero ¿su hijo?... Sin embargo Dios -como tiene un querer propio y distinto de sus siervos- habló con Abraham y le pidió la vida de Isac. ¿Alcanzan a notar que Dios tiene un querer propio y que este muchas veces no coincide con el de sus siervos?. El ser humano por sí solo no puede saber lo que Dios realmente quiere de él. A menos que se trate de alguna de las reglas escritas en la biblia. Pero cuando se habla de ofrenda ya sea económica o de trabajo (como la obra) o cualquiera que sea (que No esté expresamente detallada en la biblia) el ser humano no puede saber. PERO si este consulta a Dios en oración y con perseverancia le ruega que le muestre que quiere recibir este de seguro le responderá. La respuesta de Dios es lo que muestra al fiel que tiene que hacer y que no, que tiene que dar y que no. Solo con la consulta se puede saber la opinión de Dios en tema de ofrenda. La biblia no lo dice. A lo sumo enuncia que se debe dar lo mejor pero no dice qué es lo mejor y descubrirlo no es tarea que el hombre puede hacer sin ayuda del creador. Había una pastor -poco inteligente- que trataba de lograr que los fieles de su iglesia decidieran por si mismos que darle al creador en ofrenda económica. Les decía cosas como "no les den poco a Dios entreguen algo grande, algo que les duela a ustedes, es decir mucho". Entonces los fieles como no tenían NI IDEA de qué podría querer Dios hacían locuras, vendían cosas que no tenían que vender para aumentar la ofrenda, daban de más, pedían prestado plata, en fin de todo, para dar a Dios una SUPUESTA ofrenda perfecta. Pero al final no terminaban consiguiendo lo que quieran salvo ciertas excepciones en las cuales lo que se dió coincidió con lo que Dios quería. También había un pastor -este si sabio- que enseña al pueblo que Dios no quería poco, sino que pedía mucho y que por eso lo que se tenía que dar iba a doler, pero no porque a Dios le gusta hacer sufrir a su pueblo sino porque desprenderse de algo grande y perfecto duele. Este pastor(a diferencia del otro) decía que la única forma de saber exactamente qué se debía dar era a través de la consulta a Dios. En este caso Dios sería el encargado de decir que se tiene que dar y que no. Entonces llevaba al pueblo de la iglesia a consultar a Dios diciendo cosas como "pregúntenle a Dios que quiere recibir". Estos cuando seguían ese consejo preguntando a Dios y este les respondía también vendían cosas, en fin se movían para cumplir con lo que Dios quería, porque era mucho, pero a diferencia de los que dependían del “pastor tonto” estos, sabían que lo que presentaría en ofrenda no sería en vano ya que realmente agradaría al Señor. Por eso es que siempre recibían recompensa justa por lo que hacían. ¿Se entiende?, ¿queda claro?.
Para saber lo que Dios quiere recibir, es decir que se debe dar, es necesario preguntarle. Después y cuando habla es RECIEN el momento da actuar.

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