miércoles, 1 de septiembre de 2010

65 - Orgullo: Manases



2 Crónicas 33 vers. 12

Pero cuando se vio en angustia, oró al Señor, su Dios y se humilló profundamente en la presencia de Dios de sus padres. Oró a él y fue atendido, pues oyó su oración y lo hizo retornar a su reino Jerusalén. Entonces reconoció Manasés que el señor era Dios.

En versículo es una parte de un relato que narra la historia de un rey que desobedeció a Dios. Su nombre era Manases. Este hombre era una persona muy orgullosa y por eso es que no quiso obedecer a Dios. Él se creía poderoso, autosuficiente y por eso no le importaba la existencia de Dios. Si pueden leer la historia van a ver que Dios intentó advertirle del peligro de no obedecerle, pero este, porque se crea sabio en sí mismo, no le hizo caso. Después las consecuencias vinieron sobre él. Por eso es que perdió su reino. Pero en el momento de extrema angustia recordó que existía un Dios, el Dios de Israel, al cual no había querido hacer caso, que podía ayudarle. Entonces, como ya no tenía posibilidad alguna de salir de aquella situación por sí mismo, decidió orar hacia él. Se humilló ante Dios. Y este, en su infinita misericordia le perdonó sus pecados y le permitió recuperar lo que por desobediencia había perdido.

La historia de este rey sirve para poder explicar lo que sucede en la vida de muchas personas que aun dentro de las iglesias viven gimiendo. Los problemas económicos, sentimentales, espirituales entre otros, son causa de la desobediencia al creador. Y muchas veces esa desobediencia existe por que la persona es orgullosa, como Manases. La persona que es orgullosa cree que todo lo sabe, que no necesita ayuda de nadie ni de Dios. Ella quiere hacer sola todas las cosas. Y muchas veces usa el poder de Dios para conseguir sus propósitos personales pensado que así agrada al creador. Ella se cree fuerte, capaz de vencer cualquier cosa. Así también pensó Manases hasta que "el agua le llegó al cuello" y no pudo más. Todo en lo que había confiado no le servía para salir de aquella situación de angustia. Y en ese instante es que recordó que existía Dios.

Los demonios son seres espirituales que sólo pueden ser vencidos por otro espíritu más poderoso que ellos, que es Dios. El ser humano por sí mismo, no cuenta con facultades para vencer a un ser espiritual maligno. Por eso es que si o si necesita de Dios. Dios creó la vida de tal manera que no se puede vivir sin su ayuda, sin su socorro. Querer vivir bien sin Dios es una locura además es imposible. Los demonios no pierden el tiempo ellos cuando están dentro de alguien destruyen, roban, matan, etc.. En fin, hacen daño... Por eso es que se torna necesario acudir al creador siempre y para todo. El orgullo es un alimento para qué satanás puede destruir nuestras vidas. El que es orgulloso está perdido. Los demonios lo van a destruir tal como hicieron con Manases. Porque ellos sabían que podían vencer a Manases, él no tenía protección, Dios no estaba con él.

No hace falta esperar llegar al fondo del pozo para pedir ayuda a Dios, es sólo tomar conciencia de la situación cuando se vive sin su protección.

Manasés después de sufrir mucho recién reconoció que Dios es el señor. A Dios se le pide permiso para hacer las cosas, se le consulta, se le pide opinión. Es una ofensa para él que un siervo haga algo sin su consentimiento. Porque quiere decir que se lo deja de lado y se lo trata como siervo, cuando en realidad es Señor. Que él sea nuestro Señor significa que manda en nuestras vidas. Y si no manda, es porque no le damos ese privilegio sino que lo mezquinamos para nosotros mismos. Quien se crea señor de su vida, necesariamente la perderá, pero el que ponga a Dios como rey de su vida, la ganará. Esa es una promesa bíblica del nuevo testamento.

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