domingo, 12 de septiembre de 2010

81 - Pedíme y te voy a responder




Muchas personas no saben cómo relacionarse con Dios. Creen -por ejemplo- que miles de ángeles les están protegiendo sólo por el hecho de diezmar o ir a la iglesia. Y no es así. Si bien es cierto que Dios promete cuidar a su pueblo con sus ángeles, sólo lo hace cuando estos(los seres humanos) le piden protección. En el caso de ahí arriba, no se pidió protección, por consiguiente no hay ángeles cuidando. Para poder obtener algún beneficio -que Dios promete para su pueblo-hay que pedir. Si no se pide tampoco se puede esperar recibir. Es una regla espiritual divina. Así como si se siembra se cosecha, si se pide se recibe. Y si no se pide no se recibe. Y si se pide mal también se cosecha malos frutos. El mal pedido es aquel que no está nutrido por la dirección del creador. Es decir, no está guiado por Dios. No son pocas las personas que usan la fe en direcciones opuestas al creador. Por ejemplo piden en oración la muerte de sus enemigos.

Pero también el mal pedido puede ser muy sutil a tal punto de que el que lo hace es una autoridad espiritual. Por ejemplo aquel obrero que pide condiciones para tener una empresa, cuando Dios quiere otra cosa para él, como que sea pastor. De manera tal que se debe tener cuidado con lo que se pide. Porque si se pide mal, se cosecha el mal. En cambio, si se pide bien, se cosecha el bien. Para saber cuándo un pedido es acorde a la voluntad de Dios basta hacer una oración como esta "Dios yo te pido en el nombre de Jesús que me enseñes que debo pedir y que no, porque no quiero equivocarme de camino". Si se insiste en orar de esa forma no habrá errores. Puede suceder que al principio de hacer esa oración se pidan cosas equivocadas, pero con el tiempo Dios actuará y dejará que se realicen sólo pedidos que a él le agradan.

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