jueves, 26 de agosto de 2010

55 - La semilla de Dios

El Espiritu Santo es la semilla de Dios en nosotros. Dios quiere que todas las personas del mundo se conviertan en sus hijos. Por ello es que envia su Espiritu para vivir en nuentro interior. Cuando una persona es bautizada con el Espiritu Santo es por que -de alguna u otra manera- esta agradó a Dios. Dios -con esta persona- pudo encontrar lugar donde morar. Dios siempre está buscando plantar sus semillas en las personas. Cuando lo lográ, es una victoria para él. Ahora, la semilla de Dios dentro de cada uno de sus siervos es solo el comienzo de un deseo mayor de Dios, que es el nuevo nacimiento. Si quiero tener rozas en mi jardin primero voy a tener que preprar la tierra, después plantar la semilla y más tarde esperar a que se desarolle y formen las rozas. Este mecanismo de la naturaleza puede utilizarse como ejemplo de lo que hace el creador con su Espritu. El Espritu en nosotros es su semilla, que entró en nuestro interior por obedeciencia, pero después tiene que pasar un tiempo más hasta que se desarrolle la semilla, es decir el espiritu Santo se expanda en nosotros hasta que de como resultado nuevo nacimiento. El nuevo nacimiento no se alcanza sólo con tener la semilla, si no con el crecimento y florecimiento de la misma hasta que se den los frutos. Muchos se confunden en este aspecto. Y creen que por tener el Espritu Santo ya nacieron de nuevo y no es así. Se nace de nuevo recién cuando aparecen los frutos del espirtu. Cuando el Espíritu Santo está en el interior de una persona necesariamente se manifiestan los dones, pero cuando se nace de nuevo recién aprecen los frutos. Nadie puede tener los frutos del Espíritu Santo al momento de ser bautizado, estos vienen con el tiempo. Pensar lo contrario seria como querer tener el mismo día en que se plantó las semillas de rosas, las rozas. Y no funciona así. Pretender eso es imposible. Hay que esperar un tiempo hasta que el Espíritu de Dios pueda tomar toda la vida del que lo posee, es un proceso natural. No depende de la fe de cada uno, como en otros aspectos de la vida espiritual- sino que es una ley natural, de Dios. "Primero hay que sembrar para luego cosechar". La siembra de Dios en nosotros es el bautismo con el Espíritu Santo y la cosecha de él es lograr que demos los frutos del Espíritu, a esto último también se lo conoce como "nuevo nacimiento".

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