domingo, 29 de agosto de 2010

61 - Envidia


Génesis 4 vers. 2
"Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Dios.Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Dios con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su blante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él".

En este versículo se puede ver claramente un ejemplo de envidia. Una persona es envidiosa cuando no está contenta con el éxito de otra. Cain no se vió alegre con que a Dios le agradara más la ofrenda de Abel que la suya. Era un envidioso. Dios se dio cuenta de eso y por ello habló con él y le aclaró, indirectamente, que la culpa de ello estaba en él y no en Abel.El Señor dice que si damos vamos a recibir, pero si no damos, ¿podemos esperar algo de parte del creador?... ¿Y si damos, pero mal?...¿Podemos esperar recibir buenas cosas?... El secreto de la deshonra de Caín estaba en él mismo. Dios dijo en su palabra que "no le agradó Caín ni su ofrenda" es de decir, no le agradó la actitud de Caín ni tampoco lo que presentó, pero no por que lo comparó con su hermano y este fue mejor. Sino porque Caín -aunque la biblia no lo menciona se deduce del texto- sabía lo qué debía entregar a Dios(ofrenda) y cómo debía presentarse ante él(actitud) para agradarle, pero no lo hizo. Abel también sabía esto y si cumplió con lo que Dios le había pedido.
A Dios no le agrada la gente envidiosa. La envidia no tiene sentido en el corazón del crisitano porque Dios es justo y al que le obedece lo bendice. Y nadie puede impedir que Dios actue. NADIE NI NADA. De manera tal que un no somos bendecidos es por que no lo merecemos. Y si el que se sienta a lado nuestro en la iglesia ya consquistó tal o cual cosa y nosotros no, no hay por qué inquietarse. Cada cosa a su tiempo. Ya nos tocará a nosotros también...

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